(Voluntaria) Maradona, o cómo un futbolista influyó en el clivaje centro-periferia italiano
Tradicionalmente, Italia se ha caracterizado por tener un clivaje centro-periferia que divide al país en dos partes: el norte y el sur. Por un lado, el norte se distingue por un mayor nivel económico y una mejor calidad de vida; y por otro, el sur se diferencia por absolutamente todo lo contrario. Para mayor profundidad, el norte suma un PIB per cápita de unos 35.000 euros y el sur apenas alcanza los 18.500; por no mencionar que el sur oscila alrededor de tres veces más de paro en comparación con el norte (datos 2018). Y por si fuera poco, la "gasolina" dentro de esta cuestión, aquellos que articulan y dan forma a la configuración actual de este clivaje son principalmente dos partidos políticos regionalistas. Ambos de corte populista, son la Liga Norte (liderado por Matteo Salvini, destaca por su nacionalismo y su política anti-inmigración) y al Movimiento Cinco Estrellas (liderado por Vito Crimi de manera interina, sobresale por su ideología ecológica y aboga por la utilización de la democracia directa). Respectivamente, uno ha sabido captar el voto de origen a base de políticas anti-inmigración y rebaja de impuestos y otro ha sabido captar el voto de origen de ese sur pobre y desesperado.
No obstante, esta fractura tradicional va más allá de lo económico. En términos sociales, la aversión manifiesta del norte sobre el sur abarca todo tipo de ámbitos como, por ejemplo, el deporte. En Italia, las diferencias también se trasladan al mundo del fútbol, donde los grandes estandartes del calcio se ubican mayoritariamente en el norte, véanse equipos como Juventus, AC Milan, Inter de Milán, etc. En cambio, existe una escasa representación de clubes importante en el sur. Pero todo el panorama se puso patas arriba en la década de los ochenta con la llegada de un argentino a la ciudad de Nápoles: Diego Armando Maradona. Procedente del FC Barcelona por una abultada cifra, el Pibe de oro arribaba a un modesto equipo recién ascendido con el firme propósito de enfrentarse cara a cara con la hegemonía futbolística del norte. En sus enfrentamientos contra los todopoderosos de las regiones norteñas, el Napoli -al igual que la mayoría de equipos del sur- era recibido en los estadios con pancartas que proclamaban mensajes ofensivos como "Lavaos" o "Bienvenidos a Italia", percibiéndose de una manera muy clara la animadversión del centro sobre la periferia napolitana en este caso. Con todo en contra y en unas condiciones precarias, la escuadra liderada por el Pelusa lograría entramar un grupo competitivo que jugara de tú a tú con los transatlánticos italianos. En las siete temporadas de estancia en el Napoli, Maradona estuvo inmerso en la relación norte-sur y comprendió de primera mano la fractura social imperante en el país transalpino, implicándose seriamente en la causa de la denostada periferia tanto dentro como fuera del campo. Porque, si algo caracterizó al genio argentino, fue su lucha contra el orden establecido y la injusticia social; llegando a alcanzar la categoría de Dios en el despreciado sur y de Satanás en el poderoso norte. Y efectivamente, el Napoli de Diego Maradona consiguió ganarle la partida por una vez a los fuertes equipos adinerados, los cuales conquistaban a placer la mayoría de títulos nacionales. Esta vez, ellos serían los que alcanzarían el Scudetto y la Coppa, además de una Copa de la UEFA. Por fin, el sur miraba con orgullo al norte. A partir de aquí, Maradona era venerado con más corazón que cabeza, y el Barrilete Cósmico, consciente de su privilegiada posición, quiso dar un paso más. El Mundial de fútbol de 1990 fue celebrado en Italia, y el destino quiso que Argentina se enfrentara a la selección anfitriona en semifinales, precisamente en el estadio del Napoli, San Paolo. Antes del partido, Maradona pidió a la afición italiana que, por favor, apoyaran a Argentina en tan decisivo duelo; dando un auténtico ultimátum a su país de acogida. Algunos de los presentes hicieron caso de las palabras de su ídolo, mas la mayoría consideró que aquello era demasiado. Durante la escucha del himno nacional argentino, el abucheo hacia el mismo fue de escándalo; lo que daría lugar a una de sus frases más polémicas: "Hijos de puta". Maradona había puesto al límite a la quebrada sociedad italiana, siendo una de las personalidades más influyentes dentro del clivaje centro-periferia de la época.
Por: Alfonso García Mengual

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